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Brasil ya devaluó 12% en el mes y adquirió una dimensión inesperada

 |   22 de septiembre del 2011

El tipo de cambio expresa la decisión de Dilma de defender su sector productivo.

Con una devaluación de casi 12% en los últimos 20 días, el declive del real en relación al dólar adquirió ayer una dimensión “inesperada” tanto en Brasil como en Argentina. Los brasileños, especialmente los turistas acostumbrados al “dólar débil”, ayer sintieron el impacto de una divisa norteamericana que volvió a cotizarse a 1,77 reales; valor que no se registraba desde hacía más de un año. En Buenos Aires no sólo las tiendas y hoteles comienzan a temer una baja del flujo turístico. Los empresarios de la UIA advirtieron que un avance en la corrosión de la moneda brasileña que la coloque en la franja de los 2 reales por dólar, “pondrá en apuros a la industria nacional”.

Claro que este proceso en Brasil es una mezcla. En parte obedece a una dinámica interna, es decir, una decisión del gobierno de Dilma Rousseff que busca acomodar el tipo de cambio para defender su sector productivo. La presidenta brasileña y su ministro de Hacienda Guido Mantega ya habían avisado que, ante la incertidumbre mundial, irían a introducir todos los retoques necesarios para proteger al empresariado local. Y en ese sentido hay una diferencia con la estrategia seguida por Lula da Silva durante la crisis de 2008/2009. Mientras el ex presidente prefirió estimular la demanda interna por la vía de subsidios a la producción manufacturera (por ejemplo, con fuertes exenciones impositivas como fue el caso de la venta de autos); esta vez, el “equipo” Dilma-Mantega prefiere medidas más estructurales: la baja de la tasa de interés doméstica (que provocó la salida de capital especulativo) y el aumento de la presión impositiva sobre las operaciones financieras que opera en la misma dirección.

Según algunos analistas, este debilitamiento del real puede ser “transitorio”; es decir, producto de un movimiento especulativo de muy corto plazo en todo el mundo. Pero la mayoría entiende que el nivel de 1,80 real por dólar puede ser el nuevo piso, sobre todo si como se presume el cuadro externo se deteriora todavía más. No es que haya algo esencialmente nuevo para explicar la debacle de ayer de las bolsas europeas: la causa fue la permanente amenaza del default griego. El titular del Banco Mundial Robert Zoellick podrá ser más, o menos, creíble. Pero hay que oír cuando dice que “la disminución de la confianza (del capital financiero) puede causar el derrape de inversiones en los países desarrollados y una retracción de la demanda de los consumidores (de esos grandes mercados)”. En ese contexto, nadie está a salvo. Ni Brasil ni Argentina, cuyas economías (gusten o no) dependen del dinamismo de la demanda mundial.

La presidenta Rousseff afirmó, el jueves pasado, que a diferencia del pasado “Brasil no volverá a quebrar” por causa de terremotos financieros con epicentros en lugares distantes de las costas sudamericanas. En esta oportunidad, el foco sigue en Grecia. Sostuvo que a imagen y semejanza de su antecesor, Lula da Silva, ella logrará repetir el éxito de políticas anti cíclicas que permitieron una rápida recuperación del país, después de una profunda caída operada entre fines de 2008 y principios de 2009. “En el pasado, cuando había cualquier temblor internacional como la crisis de Asia, de Rusia y de Argentina, Brasil quebraba”evaluó para enseguida agregar que “la mejor respuesta es continuar con el crecimiento, la distribución de ingresos y la ampliación de la capacidad productiva”.

Fuente: Clarín


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