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El Qué, Cuándo y Cómo de un depósito automático

 |   8 de enero del 2015

En los últimos años la logística se ha convertido en una función clave dentro de la gestión de la empresa. Esta tendencia está obligando a las compañías a rediseñar sus depósitos para que sean cada vez más ágiles y competitivos, mejorando las variables fundamentales de precio y de servicio al cliente.

En este contexto exigente donde las compañías buscan sumar eficiencia a cada eslabón de la cadena logística, cobran protagonismo los sistemas de almacenamiento automáticos como medio para lograr la óptima gestión y rendimiento del depósito y conseguir verdaderas ventajas competitivas.

 

¿QUÉ ES UN DEPÓSITO AUTOMÁTICO?

 

Desde el punto de vista conceptual, los sistemas de almacenamiento automáticos son un conjunto de elementos (físicos y lógicos) concebidos para ejecutar de forma automática todas las operaciones propias del depósito. Se construyen para alturas generalmente superiores a los 8 m, pero pueden llegar a superar los 40 m. En la actualidad existen diferentes grados de automatización, desde los depósitos que solamente mecanizan la ubicación y extracción de la carga en la estantería, hasta aquellos donde el nivel de automatización llega casi al 100%, dando de esta forma una alta fiabilidad en todo el proceso. Aunque los depósitos automáticos pueden adoptar múltiples configuraciones, casi todos ellos comparten unas características similares.

 

Componentes físicos de un depósito automático:


• Estanterías: elementos estructurales básicos pensados para almacenar cargas a gran altura aprovechando el máximo espacio posible.
• Equipos de manutención automáticos: responsables de realizar las operaciones de ubicación y extracción de las cajas o paletas de las estanterías. Los más habituales son los transelevadores, las lanzaderas, el sistema Pallet Shuttle automático, los transportadores aéreos o una combinación de varios sistemas.
• Elementos de cabecera: compuestos habitualmente por transportadores motorizados, permiten enviar las cargas hasta los transelevadores y viceversa.

Componentes lógicos de un depósito automático:
• Flujos de entrada y salida de la mercadería: a pesar de ser un elemento intangible, indican cómo el depósito se relaciona o se integra con su entorno.
• Sistema de Gestión de Almacenes (SGA): dirige todas las acciones de almacenamiento, gestionando el tiempo y el uso del espacio.
• Factor humano: uno de los objetivos básicos en el diseño es concebir puestos de trabajo ergonómicos que faciliten al máximo las tareas para obtener un óptimo rendimiento de los operarios.

 

INVERSIÓN Y RENTABILIDAD

 

En numerosas ocasiones, el desconocimiento de la empresa de cuáles son sus necesidades en la cadena de suministro y del abanico de soluciones tecnológicas que pueden dar respuesta a ellas da lugar al fracaso de la inversión. Por este motivo, es importante que el primer paso hacia la automatización sea evaluar en qué puntos de la instalación existen ineficiencias y a continuación buscar en el mercado las soluciones que las mitiguen. Dos de las áreas que suelen ser más ineficientes y costosas a nivel logístico son el picking o preparación de pedidos y la expedición de productos. En este sentido, puede resultar conveniente apostar por una automatización parcial para optimizar la preparación de pedidos, mejorando las características ergonómicas del depósito y aplicando sistemas con una estrategia producto a hombre en las partes del proceso de producción con mayor repercusión en el coste. En cualquier caso, hay cuatro criterios básicos para evaluar la conveniencia de instalar un sistema de almacenamiento automático: la capacidad que se desea alcanzar, la agilidad que se pretende conseguir, la variedad y la tipología de los productos almacenados, y el coste general de la solución. Obviamente, cuánto mayores sean las necesidades de la empresa en los tres primeros puntos, mayor será la conveniencia de automatizar el depósito. Respecto al coste general, a pesar de la mayor inversión inicial que supone respecto a un sistema convencional, la automatización será rentable siempre que el plazo de retorno de la inversión sea adecuado a cada mercado.


Entre las importantes ventajas inmediatas que ofrecen los depósitos automáticos destacan la gran capacidad de almacenamiento, una mayor altura constructiva, un perfecto control del stock y óptima gestión de las referencias mediante el SGA, un alto rendimiento en las entradas y salidas de mercancía, una menor necesidad de personal, una mayor accesibilidad a los productos, una rotación más fácil, la disminución de los costes de mantenimiento, una mayor seguridad de la mercadería y de los operarios, etc.

 

FASES DE INSTALACIÓN

 

Existen numerosos y, en algunos casos, complejos procedimientos para poner en marcha un depósito automático. Para alcanzar la plena satisfacción del cliente se debe seguir una metodología bien definida e implantada. Enumeramos brevemente la metodología aplicada por Mecalux:
 
– Fase previa de análisis y diseño (simulación informática del depósito).
– Fase de puesta en marcha: montaje de estanterías, montaje y verificación mecánicos, montaje y verificación eléctricos, validación del conjunto.
– Puesta en marcha del software de control PLC (Programmable Logical Controller).
– Puesta en marcha del SGA (Software de Gestión de Almacenes).
– Validación del sistema.
– Formación del personal.

 

En la actualidad, Mecalux Argentina está desarrollando cuatro proyectos de automatización de depósitos de distinta envergadura. En todos ellos la clave para un resultado óptimo es ejecutar todas las fases del proyecto con la plena colaboración e implicación de cada cliente, ya que la solución idónea es aquella que tiene en cuenta y se adapta a las necesidades específicas de cada caso.

 

(*) En base a información suministrada por el Departamento Comercial de Mecalux Argentina.
 


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