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Invertir en la reducción de daños y siniestros

 |   24 de octubre del 2016

Abordar la problemática de los accidentes de tránsito y su impacto en materia de transporte no es una tarea sencilla. Se trata de hechos imprevisibles, en cuanto a su ocurrencia y envergadura, que afectan directamente al sector y cuyas consecuencias dependerán de las medidas previas y posteriores que se hayan tomado. Contar con pautas claras y continuas de prevención, y con protocolos siniestrales ante la concreción de incidentes, es el camino para configurar operaciones logísticas más seguras.

Por lo general las empresas son reacias a destinar recursos a situaciones que pudieran no presentarse, pero la frecuencia, magnitud e impacto de los siniestros en el transporte obligan a cambiar este criterio y adjudicarles la importancia que realmente tienen.
EL FOCO EN LA CAPACITACIÓN
Las estadísticas demuestran que en el 40% de los accidentes de tránsito se ven involucradas unidades de alto porte, como camiones y pick ups. Un estudio elaborado por la ONG “Luchemos por la vida” da cuenta de que los choferes de camiones participan en el 21% de las muertes derivadas de siniestros viales. Al ver estos números resulta comprensible el impacto mediático que los hechos de tránsito que involucran a vehículos de transporte producen en la sociedad, impacto que luego se traslada al ámbito judicial, donde finalmente es reflejado en la jurisprudencia, que cada vez exige mayor responsabilidad a los conductores profesionales, por el hecho de trasladarse en unidades de grandes dimensiones, lo que representa un riesgo mayor a la circulación.
Debe tenerse en cuenta que “el factor humano” es la causa preponderante de producción de accidentes, ocasiona la mayoría de los daños materiales y físicos superando con amplitud al resto de los factores: mecánicos, climáticos y de infraestructura vial. De lo dicho se desprende que el siniestro en cuanto a hecho imprevisto requiere capacitación de todo el personal que interviene en la operación, ya que los tiempos y recaudos resultan determinantes para cumplir adecuadamente las exigencias del seguro.
ESTABLECER RESPONSABILIDADES
Disponer de la información precisa a tiempo, permite determinar la responsabilidad de las partes involucradas en el evento y actuar en consecuencia. El chofer es un elemento esencial, es protagonista, testigo y observador de un accidente, y debe sentirse protegido y asistido en el momento en que más lo necesita. Su visión, temple, colaboración e información resultan indispensables para interpretar legalmente un accidente, ya que cada detalle aporta a la hora de definir la responsabilidad legal. Trabajar a tiempo posibilita denunciar correctamente el accidente ante el propio seguro activando su protección. En caso de ser procedente, esa manifestación será de utilidad como base del futuro reclamo ante la aseguradora o empresa del responsable, donde la claridad en el relato de los hechos y la precisión de los datos obtenidos resultan fundamentales. 
El valor de reparación de las unidades afectadas, su indisponibilidad por el accidente y las probables lesiones del personal deberán ser tenidas en cuenta al momento de evaluar la vía de reclamo más adecuada. En materia legal las circunstancias requieren cobertura las 24 hs los 365 días del año y disponer de profesionales especializados en la materia, familiarizados con la empresa, que puedan establecer contacto inmediato a fin de evaluar el siniestro, contener al chofer, brindar información y recabar elementos de prueba que resultarán valiosos para la denuncia posterior del siniestro.

EL VALOR DE LA PREVENCIÓN
Reducir la siniestralidad disminuye gastos. Las empresas con su accionar preventivo evitan accidentes optimizando los recursos económicos destinados al “mantenimiento de las unidades” y a la “capacitación de los conductores”. Contar con unidades en perfecto estado muchas veces se convierte en un objetivo inalcanzable, ya que los costos de mantenimiento atentan contra ello. Al respecto, sería necesario hacer una revisión de los siniestros ocurridos por fallas mecánicas, cuyos gastos de reparación hayan quedado a cargo de la firma, y confrontarlos con los costos señalados. Entendemos que la empresa, con independencia de las exigencias formales, debe planificar una adecuada capacitación de su plantel, en donde la información y la comunicación sean claras y comprensibles, “no se trata de cumplir pautas sino de saber la importancia de su cumplimiento” y el beneficio que genera para todos. Señalamos a continuación algunas medidas que pueden adoptarse para reducir los efectos adversos de los accidentes: 
Preventivas: 
1.- Capacitación de conductores y personal del área de seguros y logística.
2.- Mantenimiento adecuado de las unidades de transporte.
3.- Procesos para liberar a los conductores de tareas burocráticas ajenas a la conducción.
4. Controles que garanticen el estado psicofísico de los conductores.
5. Optimización de agenda de viajes para evitar demoras y riesgos.
Operativas:
1. Información uniforme a todas las áreas para que actúen ante el siniestro.
2. Procedimientos claros y concretos sujetos a control.
3. Instructivo a conductores para recabar datos del hecho y de las partes.
Debería partirse de considerar “al accidente” como una circunstancia altamente probable que, con independencia de la responsabilidad de las partes, se produce a pesar de todos. Ser parte del tránsito nos coloca en riesgo permanente y muchos siniestros se dan con independencia de los recaudos que tomemos. Comprendido esto, las acciones que se implementen deberán ser continuas, responder a procesos elaborados que relacionen al personal de todas las áreas de la empresa afectadas al mantenimiento de las unidades, la logística, los conductores, el seguro y las aseguradoras contratadas. Como en muchos otros aspectos de la organización de una empresa, la prevención debe ser entendida como inversión y no como gasto. 
Un adecuado manejo de la información frente a un siniestro permite evitar efectos negativos, tales como, indisponibilidad tanto de los choferes como de las unidades de transporte por medidas policiales y/o judiciales relacionadas, inadecuada información que impide generar prueba legal para formular reclamos contra los responsables de la ocurrencia del siniestro, problemas de cobertura técnica de las aseguradoras de las unidades, etc.
REDUCIR COSTOS, AUMENTAR INCENTIVOS
El “incentivo” más valorado es la reducción de costos. Las empresas que cuenten con pautas de prevención, protocolos siniestrales, capacitación de choferes, mantenimiento adecuado de unidades, asesoramiento legal permanente, etc. resultarán más atractivas para las aseguradoras y los dadores de carga, por lo que contarán con altas probabilidades de disminuir costos en el primer caso y aumentar su competitividad en el segundo. Ahora bien, el “incentivo” también debe considerarse internamente, ya que las áreas y el personal de la empresa deben tener un reconocimiento por su labor en tanto aporten a la “no producción de siniestros” o al “recupero adecuado de daños”. Los transportistas deberían dirigir acciones tendientes a cambiar preconceptos sociales, el camión, el camionero no son sinónimo de prepotencia o superioridad, son parte de una sociedad comercial que aspira a cumplir con su labor sin afectar a nadie y que se desempeña con una conducta responsable para evitar accidentes.
(*) Estudio Geller & Asociados.


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