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El comercio exterior y las plagas

 |   14 de enero del 2019

En las últimas décadas ciertas plagas han salido de su lugar natal para colonizar otras partes del planeta. El rol de la logística internacional en esta problemática se vuelve clave.

La mejora de las comunicaciones, el transporte multimodal y el turismo, llevaron a ciertos organismos con un enorme poder biótico a los confines de la tierra, siendo actualmente plagas cosmopolitas. A comienzos del siglo XX un hongo foráneo acabó con millones de castaños americanos, modificando de manera singular el ecosistema. Actualmente en EEUU el barrenador esmeralda del fresno -otra plaga que se propagó hacia nuevos hábitats a través de las rutas del comercio mundial- es una amenaza similar para un árbol valioso, utilizado durante siglos para la fabricación de muchas herramientas e instrumentos musicales y muebles. En la República Argentina la aparición de la avispa barrenadora del pino causó y causa estragos. El primer registro de esta avispa fue en 1985, en plantaciones de Pino elliottii y Pino taeda, en la localidad de Gualeguaychú en Entre Ríos. En enero de 1993, se la detectó en la localidad de Dina Huapi, en la provincia de Río Negro, sobre Pino contorta. Posteriormente se la detectó en Corrientes en 1993; en Córdoba en 1994; en la provincia de Jujuy y Bs. As. en 1993; en Salta y Misiones en 1995, lo que habla de su gran movilidad y su adaptabilidad a cualquier región y clima.

Sin embargo la presencia de esta avispa en América del Sur se retrotrae a 1980, en plantaciones de Pinus elliottii y Pinus taeda en la República Oriental del Uruguay. En 1985, en el departamento Paysandú, en una plantación de Pinus taeda de 20 años de edad sin ningún tipo de manejo silvícola, se registraron pérdidas de hasta un 60%. En 1998, se detecta la avispa en el sur de Brasil en plantaciones de Pinus taeda, registrándose daños que varían de 3 a 240 plantas muertas por hectárea.

Pero si vamos más atrás en el tiempo una plaga desató una tragedia en Irlanda, cuando un hongo proveniente de América llamado “phytophthora infestans”  llegó al país y devastó todos los cultivos de papa lo que provocó una hambruna y una migración masiva de la población, ya que ese cultivo era uno de los principales alimentos en que se basaba el consumo poblacional del país. Otras plagas como el sapo americano, perros y conejos hicieron estragos en Australia, un país aislado de todo durante miles de años. Actualmente en Italia y España la preocupación es grande por el ingreso de un mosquito que ataca incluso durante el día y no en la noche como sus otros primos, el mosquito tigre, una especie invasora el “Aedes albopictus”, conocido por sus agresivas picaduras, siendo este favorecido por el calentamiento global, hecho que facilitará sus dispersión en la Europa septentrional.

Alerta global

Debido a esto los países del mundo se unieron hace más de seis décadas para formar la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF o IPPC por sus siglas en inglés) con el objetivo de evitar la diseminación de plagas y enfermedades de las plantas a través del comercio internacional y de proteger a los productores, la biodiversidad, el medio ambiente y por sobre todo a los consumidores. Según Craig Fedchock, Coordinador de la Secretaría de la CIPF en la FAO, las plagas gravan fuertemente la producción de alimentos, fibras y forraje”. “En conjunto las moscas de la fruta, los escarabajos, los hongos y sus parientes reducen los rendimientos de los cultivos mundiales entre un 20 y un 40 por ciento”, una cifra muy grande para perder en cuanto alimento, señala.

El trasporte como vehículo

Las plagas invasoras arriban a nuevos ecosistemas o regiones por diversas vías, pero la principal actualmente es el transporte marítimo y en menor medida el aéreo. Hoy en día este tipo de transporte utiliza en su gran mayoría contenedores y en menor medida las bodegas del barco. Anualmente se mueven en todo el mundo unos 527 millones de contenedores marítimos (fuente FAO). China por ejemplo moviliza por sí sola más de 133 millones de contenedores al año. Los productos transportados pueden actuar claramente como vectores para la propagación de plagas cuarentenarias exóticas, aunque también el mismo contenedor las puede transportar involuntariamente dentro o fuera del mismo. Por dar un ejemplo, un análisis de 116.701 contenedores vacíos para el transporte marítimo que llegaron a Nueva Zelanda en los últimos cinco años reveló que uno de cada diez estaba contaminado exteriormente, el doble de la tasa de contaminación interior (FAO). Entre las plagas encontradas: la oruga lagarta, el caracol gigante africano, las hormigas argentinas y el chinche apestoso marrón marmolado (Halyomorpha halys). Todas ellas amenazan los cultivos, los bosques y los entornos urbanos. Por su parte, la base de los contenedores puede traer semillas de malezas invasoras, nemátodos, hongos y otros fitopatógenos.

El impacto económico de importar plagas exóticas es difícil de cuantificar. El 90% del comercio mundial se transporta por mar, con una gran variedad de combinaciones logísticas (multimodal). Otro detalle es que muchos embarques se transportan rápidamente hacia los puertos para entrar a tiempo en las cadenas de suministro y el apuro disminuye la calidad de la inspección fitosanitaria que se le realiza.

Compromiso de todos

En Argentina muchas plagas han vencido las fronteras sanitarias a pesar de los enormes esfuerzos de nuestro servicio fitosanitario (Senasa) por impedirlo: picudo del algodonero, polilla de la vid, cancrosis, caracol africano, HLB, etc. son ejemplos claros del poder biótico de las plagas para establecerse en nuevos habitas. El turismo suma otro punto crítico al traer inocente o conscientemente semillas, bulbos de flores, frutos y otros elementos que tal vez a simple vista parezcan inofensivos, pero que quizás en su interior albergan algún tipo de virus, bacteria, nemátode, hongo o huevos de algún insecto invasor.

La responsabilidad es de todos, del servicio fitosanitario de cada país de inspeccionar la importaciones con absoluta responsabilidad y profesionalismo, pero también de las personas (turistas) que muchas veces para evitar controles oficiales ocultan en sus equipajes y ropa ciertos productos que pueden o no albergar alguna plaga que podría llegar a diseminarse en áreas cercanas a su ingreso y, lo que es peor, a otras partes de nuestro territorio y finalmente a los cultivos comerciales dañando la economía nacional. La concientización de la población es finalmente importante ya que en los últimos años el turismo internacional ha crecido vertiginosamente, como dato, según el Indec solamente en el 1° semestre del 2017 se movilizaron en el país 10 millones de personas entre locales y extranjeros.

* El autor es Especialista en Gestión Logística y Comercio Internacional. Inspector Técnico del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentario (SENASA).

               


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