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Administrar la intensidad

 |   10 de diciembre del 2018

Aceptar los tiempos de la realidad suele ser un trabajo de paciencia para los líderes. Acelerar de más puede provocar que los equipos solo reaccionen a las demandas, dejando de lado su propia impronta y aportes.

¿Cómo llegar en equipo? Es la pregunta que frecuentemente me hago. Observo muchos equipos trabajar y veo la impronta del líder y me pregunto si los arrastra o les indica el camino.

El motor propio es lo que hace que el líder sea líder, es quien tiene la visión de dónde y cómo quiere llegar. Liderar es habilitar, dar herramientas y contagiar la visión para que el equipo encuentre la forma más adecuada para recorrer el camino. La pregunta es cómo se contagia, cómo se suma al equipo, en ese difícil equilibrio entre dejar hacer o imponer.

El ritmo en que la expectativa del líder desea que ocurran las cosas y el ritmo que impone la realidad es una constante búsqueda de equilibrio.

Frustración, aceptación, entusiasmo, e inclusive a veces sorpresa, son las sensaciones que en soledad el líder va transitando a través de ver las respuestas de su equipo.

Cuantas veces nos ocurre que al bajar al detalle, a la operación, las cosas no se hacen como creíamos, como habíamos acordado, eso genera frustración y a veces enojo, mientras que otras veces se da todo lo contrario, encontramos las cosas mejor de lo que esperábamos y esto nos da una enorme satisfacción.

Un delicado equilibrio

A veces me pregunto si solo alcanza con mantener amarradas las expectativas, aunque esto es muy difícil para mí, siempre quiero más, si llegamos a un escalón ya estoy buscando el próximo.

En este sentido, debo reconocer que la velocidad del pensamiento es mucho más rápida que la velocidad de la implementación, donde aparecen barreras y limitantes físicas reales, aceptar los tiempos de la realidad suele ser un trabajo de paciencia para los líderes. 

Algo que me tranquiliza es saber que lo importante es estar en el camino, el tránsito hacia un objetivo es un camino sinuoso, a veces con subidas y bajadas, mantenerse en el camino de por sí ya es un gran desafío.

La intensidad en que avanzamos es un desafío en sí mismo, si voy muy rápido dejo al equipo en el camino, si voy muy lento siento que no avanzo, es un trabajo del líder con sí mismo, administrar el grado de intensidad.

Los momentos en que pido más velocidad, y mi equipo apenas logra responder mis demandas, me pierdo su impronta, su propia estrategia, el aporte rico que me pueden hacer, porque solo están reaccionando, tratando de llegar a responder a todas mis demandas.

Descubrí este paralelismo: hay algo muy curioso en algunos deportes, uno piensa que para mejorar en un deporte debe jugar siempre con alguien mejor, desafiarse, pero comprobé  que no siempre es así. Ocurre que si el adversario es muy superior, lo único posible es jugar reaccionando a su juego, el impone la estrategia, y a menos que yo pueda doblegar esa situación solo me queda responder a su juego.

En cambio cuando juego con alguien notoriamente de menor nivel que el mío, yo tengo el tiempo y el poder para imponer mi estrategia, puedo aprender cómo reaccionar a las distintas situaciones del juego, buscando llevar a la situación más comprometida a mi oponente con dominio de la situación. Esto me ayuda a crecer, a probar nuevas jugadas, me da más herramientas que también puedo intentar aplicar  cuando juego con oponentes de mayor nivel que el mío. 

Al menos algunos partidos deben ser relajados para nuestros equipos, es la forma de generar confianza y dejar que aparezcan sus talentos, aquellos más callados, más lentos o bien menos seguro de sí mismos, puedan con su curiosidad mostrarnos algo nuevo, otro enfoque o un punto de vista que no estábamos considerando. 

Ser líder es un aprendizaje diario, compartir estas reflexiones me ayuda, espero te aporte.


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