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El nuevo camino hacia las ciudades sostenibles

 |   17 de julio del 2020

El paradigma de ciudades sostenibles e inteligentes hoy enfrenta un nuevo desafío frente al COVID-19, con nuevas reglas de interacción social y de infraestructura. Y surge un nuevo interrogante: ¿seguimos progresando hacia las grandes ciudades o concretamos la descentralización hacia ciudades intermedias y pequeñas, interconectadas por tecnología y logística integrada dentro de un esquema intermodal de transporte?

Para lograr el equilibrio entre salud y desarrollo es fundamental conformar una visión post pandemia, para entender cuáles son los desafíos a afrontar y cuáles las acciones a llevar a cabo para tal fin. 

Hacia fines del siglo XX las grandes ciudades han sido las impulsoras del desarrollo social y económico a través de su crecimiento urbano. Pero estos patrones urbanos han ido cambiando en los últimos años de la mano de problemáticas como el cambio climático, la congestión urbana y la movilidad, y todo esto llevó a que fueran tomando importancia las llamadas ciudades intermedias que son aquellas comprendidas entre cien mil y un millón de habitantes. En América latina estas ciudades tuvieron un rápido crecimiento urbano pero de forma desordenada sin planificación urbana ni territorial. Este crecimiento desordenado no permitió aprovechar los recursos propios de cada región, se hizo un mal uso del suelo y disminuyó la calidad de vida en las ciudades, fomentando la instalación de barrios vulnerables con poca accesibilidad a servicios básicos y con problemas de gestión ambiental.

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La pandemia del COVID-19 ha dejado al descubierto en Latinoamérica y especialmente en nuestro país, la falta de una planificación logística y territorial capaz de responder de forma más organizada, y con mejores resultados, ante un escenario que si bien fue impredecible, se presenta con mayor  intensidad en estas zonas más vulnerables, con baja capacidad de respuesta y dificultades para cumplir con las medidas sanitarias. En nuestro país los números demuestran cómo la región del AMBA es la más afectada por la pandemia debido a ser el área de mayor población y, dentro de ella, los barrios vulnerables que poseen altos niveles de densidad poblacional con condiciones precarias de vivienda y situaciones de hacinamiento. Este problema estructural que afecta a la Argentina hace muchos años, es el resultado de que el mercado laboral se fue aglutinando dentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, provocando una migración que fue aumentando la población y que llevó a mucha gente a instalarse en barrios precarios dentro de la ciudad. Este tejido social luego se fue expandiendo hacia la periferia del conurbano, dando como resultado un gran número de gente que trabaja en la ciudad pero que vive en su periferia. De esta forma, el desarrollo territorial se dio de forma desordenada y muy rápidamente, sin la posibilidad de elaborar obras para brindar servicios esenciales y con una muy notoria falta de políticas públicas.

Problemática compleja y sin compromiso

Veamos algunos números que nos permitan tomar dimensión de la estructura de las ciudades. A nivel mundial el 55% de la población vive en ciudades y se estima que este porcentaje alcanzará el 75% para 2050. El 20% de la población mundial vive en ciudades intermedias que representan el 30% de la población urbana mundial. En nuestro país el 92% de la población vive en zonas urbanas y, según el censo de 2010, se puede observar al área metropolitana de Buenos Aires y cuatro zonas de grandes ciudades que son el Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza y Gran Tucumán, con poblaciones mayores a 1 millón de habitantes. También se identifican 34 ciudades intermedias, entre 100 mil y 1 millón de habitantes, y 330 ciudades pequeñas de menos de 100 mil habitantes.

Frente a este panorama de grandes ciudades a nivel mundial y como enunciaba anteriormente, en contraposición al desarrollo que estas presentaron, surgieron graves problemas de congestión ambiental y acceso a la movilidad y un indiscriminado uso de recursos no renovables. Para enfrentar estas problemáticas en el año 2015 todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la cual se establece un plan para alcanzar los mismos en un plazo de 15 años. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen un llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo. Dentro de este contexto se convocó a que los países se unieran a esta agenda 2030 y al cumplimiento de los ODS, Argentina se une a esta iniciativa en el año 2016. Y el ODS específico que trata sobre las ciudades es el ODS 11 – “Ciudades y Comunidades Sostenibles” que es lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. En nuestro país solo 5 provincias no adhirieron todavía a los ODS y en la Provincia de Buenos Aires, solo 18 de los 135 municipios hicieron convenios para cumplir con los lineamientos y realizar acciones. Esto muestra que aún no se toma conciencia de la importancia de los mismos y de la necesidad de poseer una planificación, planes de acción e iniciativas para resolver los problemas en las ciudades.

Ciudades sostenibles

Al mismo tiempo nuestro país aún no ha logrado comenzar a descentralizar las grandes ciudades y disminuir los impactos que estas provocan. La crisis provocada por la pandemia puede resultar en el impulso necesario para que esto se concrete, si las autoridades lo entienden y desarrollan las políticas adecuadas para llevarlo a cabo. Las nuevas condiciones sanitarias de infraestructura y de transporte plantean acciones diferentes a ejecutar de las que se proponían antes de la pandemia (por ejemplo, previamente el uso del transporte público era altamente recomendado en lugar del privado), pero este nuevo escenario nos lleva a reconsiderarlo y encontrar la forma de equilibrar el cuidado del medio ambiente con el cuidado de la salud. Por esto es necesario llevar la situación actual de las grandes ciudades hacia la de las intermedias o pequeñas, buscando acciones que permitan el desarrollo del empleo local, a través del crecimiento productivo de economías locales y la instalación de bienes y servicios de fácil acceso a la población, lo que permitiría disminuir los traslados de la movilidad diaria. Este esquema está plasmado en un modelo de ciudad de 15 minutos, donde el ciudadano tiene acceso a su trabajo, bienes o servicios en solo 15 minutos ya sea a pie, bicicleta o en transporte público.

Estos modelos de ciudades van a permitir disminuir los impactos que esta pandemia ha causado y adaptarse a los cambios que nos obliga a hacer y los cuidados que hay que mantener, como la infraestructura adecuada al distanciamiento social, el transporte público adecuado en tiempos y trayectos y el ordenamiento territorial que permita mayor equidad social y mejor calidad de vida para los habitantes. De esta manera la ciudad funciona como fuente de trabajo interno, desarrollo local, con servicios básicos satisfechos y acceso a la movilidad. Pero para lograrlo estas ciudades no pueden funcionar de manera independiente, deben hacerlo dentro de un sistema de ciudades interconectadas a través de las tecnologías de información y comunicación y de la logística, a través de un esquema de transporte intermodal que asegure el abastecimiento de insumos y de servicios con menores costos y disminución de la huella de carbono, fortaleciendo la defensa del medio ambiente y la economía.

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Post pandemia

Al comienzo del artículo planteaba el interrogante de si debemos mantener el esquema de grandes ciudades o ir hacia ciudades intermedias interconectadas, creo que la respuesta es clara, hace unos años se inició un camino hacia las ciudades sostenibles. En el presente, con una visión post pandemia, se abre un nuevo camino, con nuevas reglas y nuevas problemáticas, y debemos recorrerlo utilizando las herramientas necesarias para lograr vivir en ciudades que brinden una mejor calidad de vida. Debemos desarrollar políticas públicas que permitan planificar a largo plazo, que brinden protección y que satisfagan las necesidades básicas de los habitantes. Este es el nuevo camino, la pandemia aun nos deja muchos interrogantes y seguramente obstáculos por eludir, pero si podemos desarrollar una planificación urbana dinámica, con participación ciudadana, que contemple el equilibrado desarrollo urbano, el correcto uso del suelo, la protección del medio ambiente y un sistema de salud adecuado y de ágil respuesta, tendremos las armas para enfrentar esta batalla que hoy nos toca dar. Una batalla de la que todos juntos, sin mezquindades, unidos por el bien común y por un futuro mejor para las próximas generaciones, seguramente vamos a salir victoriosos.

(*) Lic. en Planificación Logística (UNLa) – (miguellobosco@hotmail.com).

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