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Barajar y dar de nuevo para una política vial efectiva

 |   20 de mayo del 2020

Los altos niveles de siniestralidad vial que se registran en Argentina representan un factor relevante a la hora de analizar la seguridad de las operaciones logísticas. Si bien no hay dudas de que la prioridad es el cuidado de las personas, la ocurrencia del más mínimo incidente vial durante el desarrollo de una operación de transporte generará demoras e impactará en el resultado de la misma.

Lamentablemente aún es pobre la información estadística sobre la participación del transporte de cargas en los incidentes viales registrados en Argentina, pero más preocupante aún es que no existe una política en función de mejorar los resultados. Porque, claro está, no es que los camiones no participen en siniestros viales, sino que no se cuentan con claridad, y, en consecuencia, así se actúa.

La convivencia con el camión

Actualmente tampoco vemos una evolución en la restricción a la circulación de camiones que se ofició hasta 2015, luego de muchos años de trabajo en el marco de reuniones del Comité Consultivo de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), entre las entidades empresarias, cámaras sectoriales, gremios y familiares de víctimas; si bien existe una restricción realmente es ridícula la aplicación y necesita ser actualizada lo antes posible conforme a los horarios y sentidos de mayor circulación en las principales rutas del país.

Para avanzar en una política vial efectiva, hay que barajar y dar de nuevo. Es inconcebible que todavía se siga transportando más del 90 por ciento de la carga en Argentina por camiones, teniendo distancias tan largas por recorrer y la posibilidad de utilizar el tendido de vías férreas.

A modo de ejemplo, pensemos: además del movimiento que está generando Vaca Muerta en el sur del país, tanto con productos que se exportan como recursos que ingresan para la explotación, recientemente se halló petróleo en Malargüe, Mendoza; si tenemos que sacar carga por el Puerto de Ingeniero White, el de Bahía Blanca u otro cercano, hay que atravesar Rio Negro, ya sea por las rutas 22, 151 o 3, y la verdad es que ninguna es una opción sana. Más allá de que en este caso se trata de carga peligrosa, son rutas tediosas, no son autovías –como la gran mayoría del país- y, además del desgaste en el pavimento, aumenta el riesgo por la presencia de turistas. Con lo cual, el panorama de convivencia entre el transporte de cargas y los vehículos particulares se vuelve por demás complejo.

Un nuevo actor, el bitren

En este marco, un tanto caótico, en nuestro país se avanzó con la incorporación de bitrenes, que hoy son parte de una realidad. Estos vehículos que se utilizan en zonas de geografías extensas como las de Argentina, como Canadá, Australia y Brasil, aportan mayor seguridad y erosionan el pavimento menos que otros vehículos. Ahora, más allá de alguna mínima capacitación que reciben los choferes profesionales, no parecen estar dadas las condiciones para que estos vehículos circulen en el ámbito nacional.

La transmisión de carga hacia el pavimento es menos erosiva y produce menor fatiga, (transmite 8.5/9 tn por eje vs. las 10.5tn de un camión convencional), además tiene mayores exigencias de seguridad que un camión común: suspensión neumática, eje retráctil automático, sistema antibloqueo de frenado (ABS), sistema electrónico de frenado en todos sus ejes (EBS), control electrónico de estabilidad (ESC), sistema de freno motor y sistema de freno auxiliar.

Aunque técnicamente es superador, sigue despertando preocupación que cualquiera de nosotros se encuentre con el desafío de pasar a un vehículo de 35 metros de largo, en un contexto de déficit y desactualización de la infraestructura vial y paupérrima fiscalización. Cualquier día de semana, al circular por la Ruta 34, nos encontramos con 4 camiones pegados uno al lado del otro, lo que nos obliga a sobrepasar entre 70 y 80 metros, en una ruta de doble mano con banquina angosta.

En el caso de tener que pasar bitrenes en lugar de camiones, estaríamos frente a casi, o más de una cuadra para la maniobra, lo que es realmente peligroso. Por eso, hay que poner el foco en la convivencia que se logra a partir de concientización de los particulares que deben comprender las nuevas reglas de juego, y más aún de los profesionales que deben capacitarse de manera exhaustiva y consiente, no con cursos de 2 o 4 semanas.

Un bitren mide entre 15 y 18 metros más que un camión convencional, por eso, más allá de que las precauciones básicas son las mismas: no usar celular, no consumir alcohol, evitar distracciones y mantener una conducta responsable; hoy en día la tecnología, a través de sistemas de gestión de flota, permite evaluar el comportamiento del chofer, sus reacciones, tiempo de descanso, velocidades en tiempo real.

La evolución de la tecnología de la última década, permite emitir informes permanentemente, por eso, en ese sentido es todo más que bienvenido. Lo que debemos generar es el interés, tanto del Estado como de los privados, en utilizar estas herramientas para trabajar sobre los errores y mejorar los resultados al volante.

Los vehículos de alto rendimiento tienen mucho a favor y lógicamente si cargan más que un camión, reducen la cantidad de viajes y así el tan cuestionado “costo logístico”.  ¡Pero! Cuando el ferrocarril es más barato para el transporte de mercancías, cuando tenemos vías navegables de norte a sur y de sur a norte, por alguna razón se insiste en alimentar la industria del cemento, el petróleo y los camiones, lo “más conveniente”, se vuelve dudoso.

(*) El autor es Lic. en Prevención y Seguridad Vial – Socio Gerente de Safety Group.

Esquema actual de restricción a la circulación de camiones

De acuerdo con la Agencia Nacional de Seguridad Vial, las consecuencias derivadas de un siniestro vial en las que participa un vehículo de transporte automotor de gran porte, con independencia de quien resulte eventual responsable del siniestro, son más gravosas que cuando solo participan vehículos de uso particular. Para ello, cámaras empresarias del sector, fuerzas de seguridad y organismos públicos aúnan esfuerzos para el intercambio de información estadística que permita detectar los tramos de corredores nacionales en los que, por el nivel de flujo vehicular, se pueden producir eventualmente siniestros viales, de manera de implementar diversas medidas de seguridad vial. La Agencia Nacional de Seguridad Vial implementa desde 2010 la medida de reordenamiento de tránsito y seguridad vial, que consiste en restringir la circulación de camiones de gran porte en las rutas nacionales del país en determinados horarios y sentidos de circulación durante los fines de semana largos y recambios de quincena, períodos en los que el flujo vehicular aumenta considerablemente. El objetivo principal es facilitar el normal desarrollo de la circulación de tránsito vehicular y evitar el congestionamiento vehicular y potenciales siniestros en la vía pública, permitiendo garantizar una mayor seguridad vial en el tránsito sobre los corredores nacional de nuestro país.

 

Fuente: ANSV


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